lunes, 20 de octubre de 2008
Marcos no había exagerado. Los asados del Alemán eran de antología. Eso lo decían todos y, fundamentalmente, lo decía él, sin el más mínimo pudor. Al Alemán le gustaba ser el centro de la escena. De eso me había dado cuenta enseguida. Iniciaba las conversaciones y luego discurría de forma incansable. Hasta se permitía el uso de preguntas retóricas, intercalando chistes que servían para amortiguar un poco el peso de su verborragia.
Tal vez por eso me sorprendió su repentino silencio cuando Marcos sacó el tema de mi relación con Poly. Entonces no lo sabía, pero Poly había sido su gran amor de adolescencia.
Un amor trunco, claro.
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