lunes, 20 de octubre de 2008
Conocí al Alemán por Marcos. Si quieren que les diga la verdad, soy esa clase de persona a la que no le gusta mezclarse con los amigos de sus amigos. Pero los asados en la quinta del Alemán habían alcanzado la estatura de mito y ese miércoles, por algún motivo (en realidad, conozco muy bien ese motivo) terminé sentado a la mesa de su pequeño búnker de Escobar, rodeado de chorizos, achuras y costillares.
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