Esto es así: cuando al Alemán lo vi en sus asados tan resuelto en crear su personaje, lo único que sentí fue ganas de joderle el asado. Y no me costó mucho ver cómo su rostro dejaba esa falsa suficiencia y adquiría con facilidad una molestia que le dibujó un gesto desagradable, como deformado. Una de esas muecas que nos avergüenzan.
El Alemán era de esos tipos que mientras se sentía un personaje valioso mostraba su mejor cara, en cambio cuando se sentía rezagado exhibía su costado más vil.
No fui menos vil que él al buscarla descaradamente. Digo, cuando me enteré que se trataba de su gran amor. Desconozco las razones por las que nos asaltan esos ataques miserables.
Pero no claudiqué hasta conquistarla.
Y la injurié.
Como si injuriara al propio Alemán.
Alemán de mierda...
viernes, 31 de octubre de 2008
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