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viernes, 31 de octubre de 2008

Esto es así: cuando al Alemán lo vi en sus asados tan resuelto en crear su personaje, lo único que sentí fue ganas de joderle el asado. Y no me costó mucho ver cómo su rostro dejaba esa falsa suficiencia y adquiría con facilidad una molestia que le dibujó un gesto desagradable, como deformado. Una de esas muecas que nos avergüenzan.
El Alemán era de esos tipos que mientras se sentía un personaje valioso mostraba su mejor cara, en cambio cuando se sentía rezagado exhibía su costado más vil.
No fui menos vil que él al buscarla descaradamente. Digo, cuando me enteré que se trataba de su gran amor. Desconozco las razones por las que nos asaltan esos ataques miserables.
Pero no claudiqué hasta conquistarla.
Y la injurié.
Como si injuriara al propio Alemán.
Alemán de mierda...

lunes, 20 de octubre de 2008

Poly, el gran amor trunco en la adolescencia del Alemán.
Yo me pregunto: ¿puede la casualidad confabularse de una forma tan horrible en una pequeña quinta de Escobar, un miércoles a la noche?

Marcos no había exagerado. Los asados del Alemán eran de antología. Eso lo decían todos y, fundamentalmente, lo decía él, sin el más mínimo pudor. Al Alemán le gustaba ser el centro de la escena. De eso me había dado cuenta enseguida. Iniciaba las conversaciones y luego discurría de forma incansable. Hasta se permitía el uso de preguntas retóricas, intercalando chistes que servían para amortiguar un poco el peso de su verborragia.
Tal vez por eso me sorprendió su repentino silencio cuando Marcos sacó el tema de mi relación con Poly. Entonces no lo sabía, pero Poly había sido su gran amor de adolescencia.
Un amor trunco, claro.

Más tarde (ahora lo sé) lamentaría aquel encuentro.

Conocí al Alemán por Marcos. Si quieren que les diga la verdad, soy esa clase de persona a la que no le gusta mezclarse con los amigos de sus amigos. Pero los asados en la quinta del Alemán habían alcanzado la estatura de mito y ese miércoles, por algún motivo (en realidad, conozco muy bien ese motivo) terminé sentado a la mesa de su pequeño búnker de Escobar, rodeado de chorizos, achuras y costillares.

Para serles franco, al principio no quise asumir la situación.
Tal vez porque la pasaba muy bien con Marcos y el resto y todavía el fastidio del Alemán no había entrado lo suficientemente en escena. Pero ahora, a la distancia, podía ver todo con claridad.

domingo, 19 de octubre de 2008

Pienso, ahora, mientras el tiempo se detiene, que el interés del Alemán en ella no fue genuino. Sólo se trató de una disputa conmigo. Una disputa tácita, que no llegó a manifestarse en palabras. El Alemán supo mi interés por Venus y eso fue lo que quiso, imponerse sobre mí. No era la primera vez que nos enfrentábamos solapadamente.

Pero el Alemán jamás supo que ella para mí era Venus. Bueno... jamás... Es un decir. En su mirada se esconde un reproche. O al menos se anticipa. Quizás por eso miro para otro lado. 

Venus...

sábado, 18 de octubre de 2008

¿Por qué Venus, se preguntarán?
Bueno, digamos que Venus tenía una belleza clásica, con curvas, algo de panza, y un dejo de dulzura en el trato que a mí me cautivó sobremanera.
Venus era, además, sensible a la inteligencia. Supongo que esa fue la razón principal de que congeniáramos tanto (además de mi gusto por la belleza clásica).
Lo que resulta un poco más difícil de explicar es el interés del Alemán por ella. Un interés del todo incomprensible, diría después Marcos.

¿Hace falta que diga que el tipo que mira es el Alemán?
Mira y lo hace en una forma en la que ya resulta imposible no advertir la provocación.
Prendo el segundo cigarrillo y vuelvo a meditar en lo absurdo de la escena.
Sinceramente, a veces me resulta increíble pensar que hayamos podido ser amigos.
¿Yo, amigo de esta bestia? Y sí, señores, alguna vez fuimos amigos. O compañeros de copas, como prefieran llamarlo. Claro, todo eso antes de que apareciera Venus (así la bauticé yo, Venus).

viernes, 17 de octubre de 2008

Pero por qué se queda esperando... Me lo pregunto una y mil veces. El tiempo está como detenido. Hay un incómodo juego de miradas que esconde algo. Demonios!

Está claro. Él sabe que yo se.

jueves, 16 de octubre de 2008

Me hago el distraido y miro para otro lado. Pero algo me lleva a mirarlo nuevamente. Y otra vez la misma expresión. Sólo que esta vez no hablo. Permanezco en silencio.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Puede que el miedo sea infundado. Puede que no. El tipo me mira feo y eso lo noto. No tengo más que mirarlo a los ojos, hablarle, decirle algo y ver, sentir, escuchar que algo no anda bien...